Si el PP ha perdido las elecciones, eso se debe en buena medida a que su credibilidad entre los electores es inferior a la de los socialistas. Y eso ha hecho que su mensaje haya tenido entre la masa de votantes un impacto menor que el de los socialistas.
Este es un tema que ciertamente me preocupa. No puedo por menos que recordar que, frente al hecho de una negociación con ETA completamente opaca -los socialistas y el gobierno no paraban de negar su existencia- al final la gente aceptara que había sido un proceso totalmente transparente. Le bastó a Zapatero mentir sobre este asunto -sin el menor rubor, además- para que la mayoría de los españoles prefirieran creer a las palabras del líder antes que creer lo que habían visto sus propios ojos.
He buscado en Wikipedia la palabra Credibilidad. Y esto es lo que he encontrado:
Credibilidad son los componentes objectivos y subjetivos que definen la capacidad de ser creido de una fuente o mensaje. Tradicionalmente, la credibilidad se compone de dos dimensiones principales: capacidad de generar confianza y grado de conocimiento, donde ambas poseen componentes objetivos y subjetivos. Es decir, la capacidad de generar confianza es un juicio de valor que emite el receptor basado en factores subjetivos. En forma similar el grado de conocimiento puede ser percibido en forma subjetiva aunque también incluye características relativas objetivas de la fuente o del mensaje (por ejemplo, antecedentes/referencias de la fuente o calidad de la información). Otras dimensiones secundarias son por ejemplo, el dinamismo o carisma de la fuente y la atracción física que genera.
Qué interesante. Luego el grado de credibilidad de un mensaje no depende realmente del mensaje en sí sino de su aceptación por el receptor, quien valora “el dinamismo o carisma de la fuente y la atracción física que genera.“
Y entonces no puedo por menos que pensar: ¡Cuántas batallas ha perdido el PP en España por descuidar el dinamismo, el carisma y la atracción generada por sus líderes!
En este país vende más la mentira envuelta de regalo que la verdad desnuda, evidente y razonada. Y el problema es que, mientras la izquierda hace décadas que lo sabe -y lo practica- la derecha aún no se ha enterado.